—Nunca consideré que nuestro matrimonio fuera solo un pedazo de papel, Elena.
Diego echó el cerrojo a la puerta del despacho desde dentro, dejando que los fuertes golpes en el pasillo quedaran amortiguados por la gruesa madera. Se giró de espaldas a la puerta y fijó la mirada en Elena, quien permanecía de pie, temblando junto al escritorio. Tenía los ojos enrojecidos, conteniendo un torrente de emociones que había reprimido durante años.
Elena se limpió las lágrimas de las mejillas con el dorso