~Matías~
Mi esposa necesitaba descansar para reponerse, así que decidí que pasáramos la noche en la cueva. Los chicos e Isabella mantuvieron la vigilancia en todo momento. Creí que hoy al alba podríamos irnos a casa, pero los gemelos entraron a toda prisa con no muy buenas noticias, me temo.
–¡Matías! –gritaron al unísono, alarmados.
–Chicos, ¿qué sucede? –pregunté.
–Lo sentimos. Es Dylan; está frente a la cueva y, por lo que parece, sigue queriendo arrebatarte a tu luna.
–Para tenerla, tendrá