Narrado por Helena
La noche del jueves, el teléfono de William comenzó a vibrar sin descanso mientras cenábamos en el salón de la mansión. La tormenta de los últimos días había cesado, dejando tras de sí un millar de charcos que comenzaban a secarse bajo los primeros rayos de sol primaveral. Lucy jugaba en el suelo con su osito de peluche, ajena a la tensión que se respiraba en el ambiente, y yo fingía interés en la ensalada que tenía delante mientras mi mente daba vueltas a todo lo que había pa