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Capítulo 52: La noticia

POV: Sebastian

El bar está vacío a esta hora.

No del todo. Hay un hombre solo en la barra, mirando su teléfono. Dos mujeres en una mesa del fondo, riendo de algo que no escucho. Pero el mundo entero parece lejano. Como si yo estuviera detrás de un vidrio, mirando desde afuera.

Llevo aquí desde que salí del edificio. Desde que bajé en el ascensor. Desde que dejé a Camila mirándome con los ojos húmedos y a Isabel sonriendo desde el fondo del pasillo.

No pedí nada. El mozo me trajo una cerveza que no toco. Está tibia. O fría. No sé. Todo se siente igual.

El teléfono está sobre la mesa. Boca abajo. No quiero verlo. No quiero ver si Camila escribió otra vez. No quiero ver si Valentina escribió. No quiero ver nada.

Pero la mano me tiembla. Necesito saber.

Doy vuelta el teléfono.

La pantalla está llena de notificaciones.

Tres de Mateo. Dos de números que no conozco. Una alerta de G****e.

Abro la alerta.

"Asamblea extraordinaria del Grupo Monteclair: los directores votan a favor de revisar el liderazgo de Valentina Monteclair. Rodrigo Monteclair asume como presidente interino."

Miro la pantalla.

Presidente interino.

Rodrigo.

Perdió.

Ella perdió.

Bajo el teléfono. Lo subo. Leo la noticia otra vez. Por si en la primera lectura entendí mal. Por si mis ojos vieron lo que no era.

No.

Está bien escrita. Clara. Fría. Como todas las noticias que destruyen vidas.

Rodrigo Monteclair asume como presidente interino.

Ella construyó esta empresa durante diez años. Enfrentó directorios. Cerró acuerdos. Rompió techos de cristal. Dio charlas sobre liderazgo femenino. Inspiró a otras mujeres.

Y ahora, por una lista, por una frase dicha en broma, por un matrimonio que empezó como estrategia, la están sacando.

El hombre que nunca entendió el negocio, que siempre esperó en los márgenes, que usó la traición de la propia amiga de Valentina para conseguir información, ahora está sentado en su silla.

Y yo no hice nada.

Estuve en el pasillo. A diez metros de la sala. Escuché a Isabel. Dejé que me sembrara dudas. Dejé que el miedo ganara. Dejé que ella enfrentara todo sola.

Podría haber entrado. Podría haber dicho que el matrimonio era real. Que lo que sentía era real.

Pero no sabía si era real. No sabía si lo que sentía era amor o era orgullo herido. No sabía si lo que ella sentía era amor o era miedo a estar sola.

Y mientras yo dudaba, Rodrigo actuó. Isabel actuó. Y ella perdió.

Ahora está sola en algún lugar de Aldenvera, sin saber que yo estuve ahí, sin saber que pude haber entrado y no entré, sin saber que Isabel la traicionó.

O tal vez ya lo sabe. Tal vez Camila se lo dijo. Tal vez por eso no responde los mensajes.

El teléfono vibra.

Mateo: "¿Viste la noticia?"

Escribo: "Sí."

Mateo: "¿Vas a hacer algo?"

"No sé."

"Sebastian. Ella perdió. Está sola. Necesita a alguien."

"¿Y si no soy yo ese alguien?"

"¿Quieres que sea otro?"

No respondo.

Mateo: "No puedes cambiar lo que pasó. Pero puedes cambiar lo que viene. Deja de esconderte."

"No me escondo."

"Estás en un bar, solo, mirando el teléfono. Sin hacer nada. Eso es esconderse."

Miro a mi alrededor. El hombre en la barra ya no está. Las mujeres de la mesa del fondo se fueron. Estoy solo.

Mateo tiene razón. Como siempre.

"¿Qué hago?" —escribo.

Mateo: "Ve a buscarla. Háblale. No para salvarla. Ella no necesita que la salven. Pero no la dejes sola."

"¿Y si no quiere verme?"

"¿Y si sí?"

No respondo.

Mateo: "Sebastian. No puedes quedarte ahí para siempre. En algún momento tienes que decidir."

"Ya decidí. No sé si es la decisión correcta."

"Nadie lo sabe. Pero no decidir es una decisión. Y esa es la peor."

Apoyo el teléfono en la mesa.

El bar está más vacío que antes. El mozo me mira. Pregunta si quiero otra cerveza. Digo que no.

Mateo dice que vaya. Camila dijo que entre. Isabel dijo que no la necesitaba.

No sé quién tiene razón.

Pero sé una cosa: no puedo seguir aquí. En este bar. Con esta cerveza tibia. Con esta culpa.

Me levanto. Dejo dinero sobre la mesa. Salgo.

La calle está oscura. Aldenvera de noche es otra ciudad. Más quieta. Más honesta. Las luces de los edificios. El viento frío. Mis pasos en el pavimento.

Camino sin dirección. Hacia el centro. Hacia ninguna parte.

El teléfono vibra otra vez.

No lo miro. Sigo caminando.

Otra vibración.

Otra.

Saco el teléfono. Miro.

Camila: "Sebastian. Valentina salió del edificio. No sé adónde fue. No responde mis mensajes. Está sola. Por favor, si sabe dónde está, vaya. Si no sabe, búsquela."

Valentina salió. No respondió a Camila. Está sola en la ciudad. Como yo.

Podría llamarla. Podría escribirle. Podría buscarla.

Pero no sé qué decir. No sé si quiere escucharme. No sé si después de todo lo que pasó, después de que no entré, después de que la dejé sola, tengo derecho a aparecer.

Otra vibración.

Camila: "Ella lo quiere. Yo sé que lo quiere. Isabel le mintió. No le crea. Por favor, no deje que gane Rodrigo."

Camila cree que todavía puedo hacer algo. Que mi presencia puede cambiar algo.

Tal vez tiene razón. Tal vez no.

Pero caminar no sirve. Dudar no sirve. Quedarme en este bar no sirve.

Decido ir.

No voy al departamento neutral. Ella no va a ir ahí. No después de todo. No después de perder la asamblea, de saber que Isabel la traicionó, de que yo no entré. Ese lugar está lleno de recuerdos que ahora duelen. Las dos tazas. La encimera. La cama donde dormimos juntos.

Va a ir a su departamento de soltera. El que tenía antes del contrato. El que no compartió conmigo. Su lugar. El que nadie más conoce.

Camino hacia allá. Quince cuadras. El edificio es más viejo. Menos lujoso. Más suyo. Más Valentina.

Llego. Las luces del piso están apagadas. No llegó. O llegó y no encendió la luz.

No tengo llave. Nunca tuve. Este lugar nunca fue mío.

Me siento en el escalón de la entrada. El frío de la piedra. La noche. El viento.

Espero.

No sé cuánto tiempo. Cinco minutos. Diez. Una hora.

El frío entra en los huesos. No me importa.

Voy a esperar hasta que llegue. Hasta que me vea. Hasta que decida si me deja entrar o no.

No voy a salvarla. No voy a resolver sus problemas. No voy a decirle que todo va a estar bien.

Pero no voy a dejarla sola.

No otra vez.

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