Mundo ficciónIniciar sesiónPOV: Rodrigo
El teléfono vibra sobre el escritorio.
Miro el nombre. Hector.
—Dime.
—Ya se fue —dice Hector. Sin preámbulo. Sin saludo. Sabe que no necesito ninguna de esas cosas.
—¿Estás seguro?
—Isabel acaba de verme. Salió del departamento de Valentina hace quince minutos. Sebastian no está. Valentina estaba sola. Con las llaves en la mano. Preparándose para salir a buscarlo.
Sonrío.
—¿Adónde fue él?
—A un hotel. No sabemos cuál. Pero no volvió anoche. No volvió esta mañana. No va a volver.
—¿Isabel habló con ella?
—Suficiente. Le metió la duda. Le recordó quién es. Lo que defiende. Lo que siempre dijo sobre no arrastrarse por un hombre.
—¿Y Valentina?
—No sabe qué hacer. Está paralizada.
Apoyo el teléfono en el hombro. Miro la pantalla de la computadora. El correo que estuve redactando toda la mañana.
—Bien —digo.
—¿Qué vas a hacer?
—Lo que tenía que haber hecho desde el principio. Filtrarlo al directorio. No los rumores. Los hechos.
—¿Qué hechos?
—Que Sebastian Varel, CEO de Varel Industries, abandonó el domicilio conyugal después de descubrir que el matrimonio fue una farsa. Que Valentina lo eligió de una lista. Que se rió de él con su asistente. Que el contrato fue una estrategia para cumplir la cláusula del testamento. Y que ahora, con la verdad revelada, el matrimonio se rompió.
—¿Cómo vas a probar eso?
—Tengo las pruebas. La carpeta de Camila. Las anotaciones. La frase del menos pelotudo. Los mensajes de Isabel confirmando que durmieron separados después de la noche del escritorio. Todo.
—¿Eso es suficiente?
—Para sembrar la duda, sí. Y la duda es todo lo que necesito. El directorio no necesita pruebas. Necesita preguntas. Y yo voy a darles las preguntas.
Hector hace una pausa.
—¿Cuándo?
—Hoy. Antes de que Valentina tenga tiempo de reaccionar. Antes de que encuentre a Sebastian. Antes de que puedan inventar una versión juntos.
—¿Y si lo encuentra?
—No va a encontrarlo. Isabel se aseguró de que dudara. Y mientras ella duda, yo actúo.
Cuelgo.
Abro el cajón del escritorio.
Saco la lista de directores del Grupo Monteclair. Dieciséis nombres. Seis son míos. Cuatro son indecisos. Seis son de Valentina.
No necesito los seis indecisos. Necesito dos. Dos que se pregunten si la presidenta mintió. Dos que crean que la estabilidad del Grupo está en riesgo. Dos que ante la duda, voten por el cambio.
El miedo es más efectivo que la lealtad. El miedo a perder dinero. El miedo al escándalo. El miedo a que el Grupo se derrumbe por una mentira.
Voy a darles miedo.
Redacto el correo.
No lo mando desde mi cuenta. Eso sería demasiado obvio. Uso un contacto externo. El mismo que me ayudó con los sobres. Alguien que sabe filtrar información sin dejar rastro.
El correo es breve. Directo. Con un solo archivo adjunto.
"A los señores directores del Grupo Monteclair:
Adjunto encontrarán información que pone en duda la estabilidad del liderazgo actual. La presidenta Valentina Monteclair contrajo matrimonio con Sebastian Varel exclusivamente para cumplir una cláusula del testamento de Ernesto Monteclair. Dicho matrimonio fue diseñado como una estrategia corporativa, no como una unión genuina.
Recientemente, el señor Varel abandonó el domicilio conyugal tras descubrir que fue elegido de una lista de candidatos y que la señora Monteclair se refirió a él en términos denigrantes. Esta situación compromete la estabilidad del Grupo y la confianza en su liderazgo.
Se solicita una asamblea extraordinaria para evaluar la idoneidad de la presidenta para continuar a cargo del Grupo Monteclair."
Adjunto la carpeta. No completa. Solo lo suficiente. La lista de candidatos. La anotación de Camila. La frase del menos pelotudo. Los mensajes de Isabel.
Nada que pueda rastrearse hasta mí.
Reviso el correo una vez. Dos. Tres.
Está bien.
No es perfecto. No necesita serlo. Solo necesita llegar.
Abro el contacto. Adjunto el archivo. Escribo la dirección del destinatario. No es un director. Es un periodista. No Inés Carrera. Alguien más pequeño. Alguien que publique primero y pregunte después. Alguien que no tenga el prestigio de Inés pero sí la imprudencia.
Ese periodista filtra la información. Los directores la leen. La duda se instala. La asamblea se convoca.
Yo no aparezco. Yo solo observo. Yo solo espero.
Envío.
El mensaje sale. No hay vuelta atrás.
Apoyo la espalda en la silla. Miro el techo.
Valentina me ganó en la asamblea. Me ganó con la boda. Me ganó con la conferencia de prensa. Me ganó con los votos de Fernando Salas.
Pero no me va a ganar en esto.
Porque esto no es corporativo. Esto es personal.
Y en lo personal, Valentina nunca supo pelear.
Miro el teléfono. Isabel no escribió. Hector tampoco. No necesito que me digan nada. Ya sé lo que va a pasar.
El correo va a llegar. Los directores van a leer. La asamblea se va a convocar. Valentina va a tener que explicar por qué su matrimonio fue una mentira. Por qué se rió de Sebastian. Por qué el hombre que eligió se fue.
Y cuando intente explicar, va a cavar su propia tumba. Porque cuanto más hable, más claro va a quedar que todo fue una farsa.
Sonrío.
Ernesto eligió mal. Eligió a la nieta. Eligió a la mujer. Eligió a la que escribe artículos sobre Simone de Beauvoir en lugar de la que entiende de negocios.
Error.
Y yo voy a asegurarme de que pague por ese error.
El teléfono vibra.
Isabel: "Valentina salió. No sé adónde. Supongo que a buscarlo."
Escribo: "Déjala. Ya es tarde. El correo está enviado."
Isabel: "¿Al directorio?"
"A un periodista. Va a filtrarse. En unas horas todo Aldenvera va a saber que el matrimonio Monteclair-Varel fue una mentira."
Silencio.
Isabel: "¿Estás seguro de esto?"
"Demasiado tarde para arrepentirse, Isabel. Ya estás adentro."
Isabel: "No me arrepiento. Solo quiero saber si esto va a funcionar."
"Va a funcionar. La duda es más poderosa que la verdad. Y Valentina ya no tiene con qué defenderse. Sebastian se fue. Ella está sola. El directorio va a pedir su cabeza."*
Isabel: "¿Y después?"
"Después, el Grupo necesita un presidente. Alguien de la familia. Alguien que entienda el negocio. Alguien que no se deje llevar por el corazón."
No escribo el nombre. No hace falta. Isabel sabe de quién hablo.
Guardo el teléfono.
Miro la ventana. Aldenvera se extiende abajo. Gris. Ruidosa. Indiferente.
Pronto todos van a hablar de esto. El chisme se va a esparcir como pólvora. Los directores van a convocar la asamblea. La prensa va a escribir titulares. Valentina va a caer.
Y yo voy a estar ahí. Esperando.
Como siempre.
Como Ernesto me enseñó.







