Mundo ficciónIniciar sesiónPOV: Valentina
Pasaron horas desde su último mensaje.
"No lo sé. Déjame pensar. No me escribas. Necesito tiempo."
No le escribí. Cumplí. Por primera vez en todo esto, cumplí. No sé si eso es bueno o malo. Tal vez las dos cosas.
El departamento está en silencio. No el silencio tenso de las dos semanas después de la noche del escritorio. Este es otro. Más vacío. Más definitivo. El silencio de una casa donde falta alguien que no sabe si va a volver.
Índice Dow duerme en el sillón. No le importa nada de esto.
Miro el teléfono. La pantalla apagada. El chat con Sebastian cerrado. No quiero ver sus últimas palabras. Necesito tiempo. Eso es todo. No dijo te quiero. No dijo voy a volver. Dijo necesito tiempo.
El tiempo no resuelve nada. El tiempo solo pasa. Y mientras pasa, él está en algún lugar de Aldenvera, solo, procesando que yo me reí de él con Camila. Que lo llamé el menos pelotudo. Que lo puse en una lista.
El teléfono vibra.
Camila: "Jefa. ¿Sigo sin noticias suyas? Ya pasó un día. Me tiene preocupada."
No respondo inmediatamente por lo que Camila insiste
Camila: “Jefa??”
Así que después de un par de minutos decido responderle para que no me inunde en mensajes
Escribo: "Sebastian se fue. Recibió el sobre con la lista."
Camila: "¿Qué sobre?"
"El que mandó Rodrigo. Con la carpeta roja. Con tus anotaciones. Con todo."
Silencio. Los tres puntos. Aparecen. Desaparecen. Aparecen.
Camila: "Dios mío. Jefa. No sé qué decir. Eso fue al principio. No significa nada ahora."
"Para él significa todo."
"¿Dónde está?"
"No lo sé. Dijo que necesitaba tiempo. Que no le escriba."
"¿Y usted va a hacer caso?"
"Por ahora sí."
"Jefa."
"Dime."
"Usted no es de las que espera. Usted es de las que va a buscar."
Miro la pantalla. Camila tiene razón. No soy de las que espera. Nunca lo fui. Pero esto es distinto. Esto no es una negociación. No es una asamblea. Es él. Y no sé si tengo derecho a ir a buscarlo después de lo que hice.
"No sé si puedo."
Camila: "¿No sabe si puede o no sabe si quiere?"
No respondo.
Camila: "Jefa. Yo escribí esa anotación. La de 'técnicamente funcional'. Fui yo. Usted no me corrigió. Usted se rió. Y después lo eligió. Y después se enamoró. Eso también es verdad. ¿Por qué no le dice eso?"
"Porque no sé si va a creerme."
"Entonces dígaselo igual. No porque él vaya a creerle. Porque usted necesita decirlo."
Apoyo el teléfono en la mesa.
El teléfono vibra otra vez.
Renata: "¿Ya hablaste con él?"
"No. Me pidió tiempo."
"¿Y tú se lo vas a dar?"
"No sé."
"Valentina Monteclair. La mujer que enfrentó a todo el directorio sola. ¿Y ahora no sabe si llamar al hombre que quiere?"
"No es lo mismo."
"Claro que es lo mismo. Es miedo. Nada más. Decídete: ¿lo quieres o no?"
"Lo quiero."
"Entonces ve a buscarlo."
"No sé dónde está."
"¿Llamaste a Mateo?"
"No tengo su número."
"Pídeselo a Camila. Ella tiene todo."
Cierro el chat. Abro el de Camila.
"¿Tienes el número de Mateo?"
Camila: "¿El amigo de Sebastian? Sí. ¿Para qué?"
"Para encontrar a Sebastian."
Camila: "Se lo mando. Pero jefa..."
"Dime."
"Cuando lo encuentre, no le hable de la lista. Háblele de cómo se siente ahora. De lo que vino después. De lo que es real."
Miro el mensaje. De lo que es real. Eso sí puedo decirlo.
Camila me manda el número de Mateo. Lo miro. Mis dedos dudan.
Nunca le escribí a Mateo. Nunca tuve que hacerlo. Sebastian siempre estaba ahí. En la cocina. En la cama. En el departamento.
Ahora no.
Escribo: "Mateo. Soy Valentina. ¿Sabes dónde está Sebastian?"
Los tres puntos. Aparecen. Tardan.
Mateo: "Sí. Pero no sé si debo decírtelo."
"Por favor. Necesito hablar con él."
"Él pidió tiempo."
"Lo sé. Pero no puedo quedarme esperando sin hacer nada."
Silencio.
Mateo: "Está en un hotel. No sé cuál. No quiso decirme. Pero esta mañana estábamos juntos en una plaza. Cerca del Cendra."
"¿Cómo está?"
"Destruido."
"¿Dijo algo de mí?"
"Dijo que no sabe si puede perdonarte. Pero también dijo que no va a dejar que Rodrigo decida por él."
Cierro los ojos.
"¿Crees que debería ir a buscarlo?"
"No lo sé. Pero si vas, no le hables de la lista. Ya sabe todo eso. Háblale de lo que vino después."
Apoyo el teléfono.
Mateo dijo cerca del Cendra. Sebastian está cerca del Cendra. En un hotel. Solo.
Podría ir. Podría buscar hotel por hotel hasta encontrarlo. Podría llamarlo. Podría escribirle. Podría hacer algo.
Pero dijo que no le escriba. Dijo que necesita tiempo.
Camila dice que vaya. Renata también. Mateo dice que no sabe.
¿Qué hago? ¿Espero o voy?
Nunca supe esperar. Nunca fue mi estilo. Pero esto no es una negociación. No es una asamblea. Es él. Es su dolor. Es mi culpa.
Miro el póster de Simone de Beauvoir. Ella me mira con esa expresión.
—¿Qué hago? —le pregunto.
Simone no responde. Nunca responde.
El teléfono vibra. El corazón me da un salto.
No es Sebastian. Es Mateo otra vez.
"Valentina."
"Dime."
"Está en el Hotel Cendra. No sé el número de habitación. Pero si vas, pregunta por él. Y si no te recibe..."
"¿Qué?"
"Espéralo. En el lobby. Todo el tiempo que sea necesario."
Miro el mensaje.
Hotel Cendra. El mismo del bar. El reservado de la izquierda. El lugar donde él se refugia cuando todo duele.
Está ahí. Cerca. Más cerca de lo que pensaba.
Me levanto del sillón. Índice Dow abre un ojo. Me mira. Cierra el ojo.
—Voy a buscarlo —le digo.
Índice Dow no opina.
Me pongo los zapatos. Agarro las llaves. Miro el departamento. Las dos tazas en el armario. La encimera vacía. La cama donde dormimos anoche.
Anoche. Parece otra vida.
Voy hacia la puerta.
Estoy por abrir cuando suena el timbre.
Miro por la mirilla.
Isabel.







