Aun dando vueltas por toda la habitación no conseguía calmarme. Ella estaba ahí tendida en la cama mientras susurraba cosas sin sentido bañada en sudor.
No oí la puerta abrirse.
-¡Edwuard! Cálmate mi niño, dime qué ha pasado.
Sus manos detuvieron mi paso y la miré.
-solo se desmayó, estábamos caminando en el pasillo y ella de un momento a otro dejó de agarrar mi mano y su cuerpo se fue hacia delante.
Caminando hasta ella, le tocó la frente con la mano. Se agachó y puso su oído cerca de sus lab