—Por fin encontré la puerta que escondiste, pequeña estrella.
La voz de Darius salió de mi boca.
Mi mano seguía cerrada alrededor de la garganta de Kael.
Podía sentir sus latidos debajo de mis dedos. Rápidos. Fuertes. Demasiado cercanos.
Quise soltarlo.
Mi cuerpo no obedeció.
Kael no intentó apartarme.
Sus ojos dorados permanecieron fijos en los míos, buscando alguna señal de que yo continuaba detrás de la oscuridad.
—Elara —dijo.
Darius apretó mis dedos.
Kael dejó escapar un sonido bajo.
—No p