Kael permaneció fuera del arco de piedra.
No cruzó.
No levantó una barrera contra el frío ni utilizó su antigua autoridad para convencer a los guardianes de que una línea invisible era una interpretación demasiado estricta de la hospitalidad.
Simplemente esperó.
Era inquietante.
—¿Cuánto tiempo piensas quedarte ahí? —pregunté.
—No lo sé.
—Una respuesta sorprendentemente poco estratégica.
—Estoy probando métodos nuevos.
Vesper gruñó dentro de su pecho.
Kael frunció el ceño.
—Él dice que debería