—Marlow no liberó a Darius —susurró Bram—. Lo coronó.
El fragmento de hierro descansaba sobre su palma.
Los ojos negros incrustados en el metal parpadearon.
Una voz salió de ellos.
—La casa necesita un Alpha.
Varek rugió.
El sonido atravesó el valle y derribó polvo de los tejados. Los guardianes levantaron sus armas. Mirella abrazó a Pip contra el pecho, mientras Rowan arrastraba a Bram lejos del arco de piedra.
—Eso no es Darius —dijo Aldren.
—Tiene su voz —respondí.
—Tiene una parte. La que e