Mundo ficciónIniciar sesiónTres cerraduras.
Dos runas.
Una estrella.
Kael no me había mostrado una ruta de escape.
Me había recordado cómo funcionaba la magia Blackthorn.
Primero la sangre.
Después la voluntad.
Por último, aquello que uno elegía proteger.
Me acerqué a la puerta de la celda. Las tres cerraduras estaban incrustadas en el hierro lunar: una a la altura de mis ojos, otra junto al pecho y la última cerca del suelo.
No tenían ranuras para llaves.<







