—Mate.
La palabra salió de la boca de Kael con una voz que no era completamente suya.
Era más profunda. Más áspera. Una voz nacida entre colmillos, noches de caza y una oscuridad que no conocía leyes humanas. Sus ojos se habían vuelto de un dorado absoluto, sin rastro de pupilas, y la línea de luz que unía nuestros pechos palpitó como un segundo corazón.
Nadie se movió.
Ni siquiera Mirella.
Eso confirmó la gravedad del momento. Mi prima era capaz de hablar durante funerales, ataques y ceremonia