Kael leyó el mensaje dos veces.
Después una tercera.
Su silencio fue peor que una acusación.
Bram permanecía frente a nosotros con sangre seca en la ropa y una expresión que confirmaba que aquella noche no terminaría con nadie durmiendo. Detrás de él, los guardias corrían por el pasillo mientras las alarmas del manor sonaban como campanas funerarias.
La barrera norte había caído.
Alguien la había abierto desde dentro.
Y dentro de su mecanismo habían encontrado una carta escrita con mi letra, fi