El rostro del enemigo (3era. Parte)
El mismo día
Palermo, Sicilia
Carlo
Ninguna mujer está fuera de tu alcance. Esa es la regla número uno. Ni las más dulces ni las más fieras. Todas, en algún punto, ceden. Solo tienes que encontrar por dónde se quiebran.
Los hombres que se arrodillan, que ruegan o esperan paciencia… terminan siendo el chiste de la historia. Monigotes emocionales, decorativos. Las mujeres les pasan por encima, se burlan de ellos y luego los botan como se bota un trapo sucio. ¿Y sabes qué? Lo merecen. Porque fuero