—Creo que te llevaré a la clínica y regresaré a casa para leer lo que está aquí dentro.
—¿Seguro que no prefieres que te acompañe?
—No, Dai. Tienes tus compromisos, no puedo interferir en tu trabajo.
—Sabes que siempre estaré para ti, Nolan. —responde en un tono cálido y sublime.
—Eso lo sé, Dai. Tal vez no he sido lo más comprensivo o agradecido contigo, pero eres la única mujer que hasta ahora ha sabido escucharme.
—Será porque soy psicóloga —bromea ella.
—¡No! Eres realmente una muy