"¿Cómo lo quieres ahora, estúpido? No es tan divertido jugar así, ¿no?"
—Dios, soy tan patosa, señor Norton —dije mirándolo. Tenía los ojos cerrados y la cara colorada—. ¿Se encuentra bien, señor? Parece que tiene fiebre.
Abrió los ojos para mirarme, y de repente me pregunté si esto era buena idea. Me aclaré la garganta y miré a mi alrededor, sólo había cinco personas en el ascensor con nosotros y faltaban dos pisos para llegar.
La puerta se abrió de nuevo y las últimas personas salieron. Un