Apenas entré a mi habitación, el desorden de la cama parecía burlarse de mí. La había dejado así intencionalmente, como si hubiese pasado la noche allí, pero en realidad, cada noche desde que llegué al hotel la había pasado en la habitación de Sara.
Sacudí la cabeza, intentando apartar el pensamiento de ella, y lancé las llaves y la billetera sobre la mesita. El sonido metálico de las llaves al golpear la superficie de madera resonó en el silencio, como un recordatorio de mi soledad.
Suspiré