— Prometí vengarme, y juro que lo haré — amenazó la mujer, saliendo de la oficina.
Enzo gira y enfrenta a su novia.
— ¿Estás bien? — preguntó, acariciando su mejilla, pasando sus dedos, por donde queda solo pocos rastros del moretón.
— Estoy bien — suspiró —. Ella me odia demasiado. Me echa la culpa de lo que pasó entre ustedes.
— Pero sabes que no es así.
— Lo sé, pero fui una pieza clave para que tomaras la decisión — Enzo la envolvió entre sus labios.
No deseaba que pensara de esa forma, por