Enzo no podía creer lo que sus ojos veían. Jamás pensó, ser testigo de algo tan atroz como esto; sin embargo, agradecía haberla encontrado antes.
El hombre, regordete que estaba encima de ella, se levantó y se acomodó los pantalones, y solo eso, hizo enfurecer al magnate, que no dudó en disparar, justo en sus partes, haciendo que el hombre grite y se retuerza de dolor.
Se acercó a ella, y; sin embargo, su respuesta, fue lo opuesto a lo que esperaba. Ella retrocedió y gruño desesperada, mientra