Con un dolor insoportable en todo el cuerpo; pero, especialmente en la cabeza, Enzo despierta de su larga estadía en la oscuridad. No sabía cuánto tiempo llevaba así, pero parecía ser mucho. Miró el techo, desorientado, buscando rastro de vida a su alrededor, y efectivamente había alguien.
Su asistente, la más hermosa mujer que había conocido, se encontraba sentada en un sillón, con el computador, siendo tecleados por sus largos y elegantes dedos. Al parecer, ella se encontraba trabajando ardua