Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl equipaje para Madrid descansaba ordenado junto a la gran puerta de roble del recibidor. Apenas dos maletas de cuero oscuro, discretas y elegantes, que contrastaban con los ostentosos despliegues de escoltas y convoyes blindados con los que Antonio solía desplazarse a la capital en sus años al frente de la corporación.
En el piso superior, la luz dorada del atardecer atravesaba las cortinas de lino, dibujando franjas cálidas sobre la madera del dormitorio. Mia terminaba de abrochar lo






