Mundo ficciónIniciar sesiónLa brisa helada de la medianoche capitalina cortaba el aire al salir de la Galería Nacional. El eco distante de los últimos aplausos y las felicitaciones todavía resonaba en los oídos de Mia mientras Antonio le colocaba sobre los hombros su pesado abrigo de lana oscura, cubriéndola del frío con un gesto instintivo y protector.
Leo caminaba unos pasos más adelante, hablando por teléfono con uno de sus profesores de Europa para darle la noticia de la venta de la colección. Su risa, clara y






