Mundo ficciónIniciar sesiónLa luz dorada del amanecer se colaba sin prisa entre las cortinas entreabiertas de la suite, trazando líneas cálidas sobre las sábanas revueltas. El silencio de la mañana ya no traía el peso del miedo ni la amenaza del teléfono sonando en la penumbra; era una calma densa, pacífica y absoluta.
Mia despertó con el peso cálido y firme del brazo de Antonio rodeándole la cintura, pegándola a su pecho. Sentía la respiración pausada del hombre contra su nuca, el latido constante de su corazón r






