El olor a pintura fresca y madera barnizada todavía flotaba en la oficina principal del segundo piso. No había cuadros pomposos ni el lujo aplastante de la antigua torre corporativa, pero la amplitud del espacio y el enorme ventanal que daba a la avenida principal le devolvían a Antonio una fracción del aire que le había faltado durante años.
O, tal vez, el aire se lo estaba robando la mujer que caminaba a tres pasos de él.
Mia dejó una carpeta de cuero marrón sobre el escritorio de nogal. V