Miguel llevaba una camiseta blanca de algodón suave y un pantalón gris. Parecía un universitario cualquiera.
No, espera... la verdad es que se había graduado hacía poco.
—Qué juventud... —suspiré, recostada en el sofá mientras observaba disimuladamente.
Mis ojos recorrieron de forma fugaz su figura: esas caderas estrechas, esa cintura definida...
—Magnífico... qué exquisito banquete visual —murmuré para mis adentros:— Ahora entiendo por qué las mujeres ricas mantienen modelos jóvenes.
Miguel se