Camila me invitó muy amablemente a tomar un café en una elegante cafetería del centro.
—Señorita López —comenzó, jugando nerviosa con su taza:— debo disculparme por lo del hospital. Cuando Alejandro dijo eso... pensé que solo estaba probando si realmente habías perdido la memoria. Por eso en ese momento no lo corregí.
Bajó la mirada, mostrando un genuino remordimiento.
—No debí entrometerme en su matrimonio. Y menos aceptar ser la tutora de Alejandro sabiendo cómo estaban las cosas.
—Nuestro div