Alan gruño como un animal furioso y tomo asiento al lado de la mujer, que se movió incómoda por tenerlo a su lado.
—La azafata dice que tiene su habitación lista, deberías dormir —él sonrió, porque la mando a arreglar hace días para compartirla con ella.
—¿Por qué no vas tú?, te ves cansada —Sara alejo la mirada del móvil y la pone en el confundido.
—¿Me está otorgando su lugar de descanso? —él asintió.
—Yo descansé muy bien, pero no puedo decir lo mismo de ti, ve, descansa —ella quiso n