Alan observaba a su hermano con intriga y miedo. El hombre que tenía frente a él, no era el chico pequeño juguetón que él había visto la última vez, solo tenía veinticinco años, y parecía un hombre de cuarenta años.
—No puedes estar hablando en serio, Amir.
—Claro que lo estoy haciendo, ¿qué quieres que hagamos?, ¿que esperemos que vengan y nos maten?, ¡¡Esos malnacidos mataron a la mujer que amaba, no a una, a las dos!! —dijo Amir, y una parte de Alan lo entendía, su hermano se había encargad