Alan no podía dejar de ver a la mujer que tenía delante de él, le enfermaba que una mujer como ella pudiera controlar sus emociones de la manera en que ella lo hacía, eso cada día lo enfurecía más y necesitaba como fuera lugar, deshacerse de esa sensación tan atroz que le carcomía el cuerpo.
—¿En qué puedo ayudarlo? —pregunto Sara con una expresión de cansancio en la cara. Ella estaba harta de la manera en que ese hombre la trataba.
—Usted es una salvaje, me golpeo y luego se fue como si nada