Sara caminó con rapidez hasta su cama, dejándose caer en esta y llorando con mucha fuerza, se sentía muy impotente, no podía creer que hubiera permitido que ese. Maldito la hubiera tocado de nuevo.
El sonido de la puerta, hace que se levante con rapidez, si es ese hombre, está dispuesta a todo, con tal de que no vuelva a tocarla, su corazón va a mil, pero cuando observa a Alan entrar por esta, suspira de alivio.
—Alan, eres tú —él levantó una de sus cejas sin comprenderla.
—¿Por qué?, ¿pen