Sara observó la ciudad desde su habitación, la soledad la consumió cada día más, el miedo que sentía de pensar lo que estaba pasando su hija, no la había dejado dormir, y es por eso que llamo a su mejor amigo para que viniera a acompañarla.
El sonido de la puerta abriéndose hizo que Sara alejara la mirada de la ventana, para encontrarse con la mirada preocupada de su mejor amigo.
—¿Siguen las pesadillas? —ella asintió.
—Ahora también está el hecho de que tu madre tiene a mi hija —el solo rec