Habían pasado tres días y las cosas estaban siendo muy difíciles para Sara, Alan se había convertido en su sombra, a donde ella iba, él también lo hacía, no dejaba de acosarla y eso la estaba poniendo muy nerviosa, quería que él desapareciera y la dejara en paz, pero estaba siendo muy difícil.
Sara abrió la puerta de su oficina y gruño al encontrar a Alan en ella, sentado como si fuera el dueño del lugar.
—¿No tienes vida?— pregunto ella, con desespero y cansancio.
—No creas que disfruto lo