El rostro de Sara era de sorpresa, no podía creer o asimilar, aún, que el hombre, frente a ella, estuviera proponiéndole algo como eso, ¿era verdad?, ¿O solo jugaba con ella?
—¿Tu socia? —pregunto por quinta vez, logrando que Daría perdiera la paciencia.
—Sí, Sara, mi socia, como sabrás, estoy en trámites de divorcio, y mi maldita esposa es una víbora que quiere quedarse con la mitad de mis bienes, cosa que no voy a permitir, he luchado mucho por conseguir lo que ahora tengo.
—¿Y por eso nec