ANNIE TAYLOR
Hice un esfuerzo sobrehumano para poder abrir mis párpados, era como si estuvieran adheridos con pegamento. Lo primero que vi fue el goteo del suero, cada vez que caía, era un estruendo para mis oídos. Podría escuchar un alfiler chocando con el suelo. Intenté enderezarme en la cama del hospital y entonces vi en el sillón de al lado a un hombre pelirrojo y maduro, de mirada profunda, escribiendo en su computadora con interés. Era Finn, el hermano mayor de Idris, parecía no haberse c