LIAM BLAKE
—¡Gracias! —contestó Lily con euforia antes de colgarse a mi cuello. Su calor me rompió. Había algo en ella que no sabía cómo describir, pero que me derrumbaba y me consumía. Me generaba tristeza y al mismo tiempo esperanza, y su olor… había algo en su olor que me era tan familiar y me desesperaba no poder identificarlo.
—¡Lily! ¡¿Dónde carajos estás?! —exclamó furiosa la sirvienta, haciendo que la niña dejara de abrazarme y se preocupara.
—¡Me tengo que ir! —exclamó cubriendo su b