IDRIS DOYLE
—¡Largo de mi oficina si no quieres que te eche yo mismo! —exclamó Liam furioso, golpeando el escritorio con fuerza.
Di media vuelta después de ofrecerle mi mejor sonrisa. Él había buscado en mí una mujer fría y sin sentimientos, así que se la daría, la tonta enamorada había muerto. Cuando posé mi mano sobre la puerta, me sujetó con fuerza del brazo, deteniéndome y poniéndome de frente a él, presionando su cuerpo contra el mío, apresándome, con esa misma rabia con la que me había t