IDRIS LYNCH
Antes de dar el primer paso hacia mis hijos, el señor Blake posó su mano sobre mi hombro, queriendo detenerme.
—¡No se atreva a tocarme, maldita alimaña asquerosa y despreciable! —exclamé iracunda y de pronto sentí el pecho lleno de odio.
—Entras a mi casa y ¿te atreves a hablarme así? —siseó sorprendido de mi actitud.
Suspiré buscando recobrar la calma y saqué un sobre de mi bolso para entregárselo. —Esto es para usted… —Me lo arrebató con violencia y lo abrió, descubriendo las f