39. Un parecido sorprendente.
Leonardo
Me levanté de golpe de la cama y entré directamente al cuarto de baño a arrojar toda la bebida que había ingerido la noche anterior.
Bebí tanto que ni siquiera me quedé con Angélica, pero le dije que no se preocupara, que la noche de bodas iba a llegar para pasar la noche. Cosa que me estaba costando. Ella renegaba del por qué no le hacía el amor como antes. Bueno, antes lo hacía por puro placer, pero ahora ni yo mismo sabía por qué mi cuerpo no reaccionaba ante ella. En fin, lo único que recuerdo es que llamé al mayordomo Manuel y fue por mí hacia aquella discoteca a la que mi prometida me llevó. Luego creo que ella se la llevó su chofer. Al venir, no recuerdo exactamente qué pasó.
Lavé mi rostro, cepillé mis dientes y me di una ducha helada para sacarme la borrachera de anoche. Me coloqué la toalla en la cintura y me quedé sentado sobre mi cama. En ese momento se escuchó la puerta.
—Entra, Manuel —le ordené.
—Buenos días, señor Leonardo. ¿Quiere que le traiga algo para la r