VINCENT
— Disculpe, le pregunté a la Princesa Amber y es de ella que espero una respuesta, no de su… cuidador – me dice el niño mimado rubio frente a mí y corre por mi espalda las ganas de bestializarme en el acto y mostrarle quien es el maldit0 cuidador.
“¡Soy su hombre, idiota, su macho! ¡Ella es mía!”
Quiero rugirle, pero me clavo las garras en la mano, perforando los guantes, hasta oler la sangre y sentir el dolor, para salir de mi estado de violencia.
— Me importa una m****a… — Voy a da