NARRADORA
La mayoría no quería, pero la vida de su familia dependía de eso y batallarían hasta las últimas consecuencias.
Las Centurias se pararon en las gruesas murallas y en el medio de ellas su Alfa, que miraba a la dirección donde sabía que se encontraba esa malnacida.
Como en efecto, Silvana comenzó a avanzar, seguida de su “ejército” y se ubicó a unos metros de la defensa.
— ¡Entrégamelo y ahórrate el que mate a toda tu gente! ¡Si me lo dan, puede que deje algunos con vida! – le gritó