CEDRICK
Cuando Raven se desmayó en mis brazos, sentí que toda la furia que tenía se desvanecía de pronto ante la preocupación.
Si algo malo le sucedía, moriría de la angustia.
— ¡Raven! – la agarré con fuerza y la cargué contra mi pecho.
— ¡Vamos a mi habitación!
Vincent me dijo, tirándome por encima una bata larga para tapar mi desnudez y asentí de inmediato.
Salimos al pasillo con prisas, donde todavía algunos chismosos irrespetuosos estaban espiándonos, pero no tenía tiempo para nadie más,