Raven
— ¡Me mentiste, maldit0, me mentiste! ¡¡Él confiaba en ti, confiaba en ti y lo llevaste a la muerte!!— comenzó a golpear con sus débiles puños el pecho de Cedrick que solo intentaba no dañarla.
Yo me sentía mal, sin poder hacer nada por ayudarlo, parada en una esquina, viendo cómo entró el Beta y traía una caja de madera en la mano.
Enseguida, con destreza, preparó un líquido en una jeringa y se lo inyectaron a Amalia a la fuerza, porque estaba como una loca sin control.
Cedrick la cargó