Mientras tanto, Libia caminaba de un lado a otro, incapaz de concentrarse en nada. Miraba el reloj una y otra vez, como si en cualquier momento fuese a retroceder o a darle una explicación que calmara el nudo que sentía en el pecho. Thiago siempre avisaba cuando llegaba a su trabajo. Tal vez, no por consideración a ella, sino más bien por evitar problemas con Verónica. Aunque fuese con un mensaje breve, una llamada rápida, lo hacía; pero esta vez no había nada que le confirmara que todo estaba