El sol había apenas asomado tras las montañas cuando los tambores de Alcalá comenzaron a retumbar por el valle. Una caravana, tan extensa como una serpiente dorada, se deslizaba por el camino real rumbo al reino de Falcón.
Al frente cabalgaba Roderick, con la mirada fija al horizonte y el corazón latiendo con la firmeza de quien ya ha decidido su destino. Vestido con una capa carmesí, su armadura reflejaba los primeros rayos de sol como fuego sagrado. A cada lado, sus escoltas mantenían la form