Mi mente no dejaba de pensar en ella. Yo la vi en ese lugar, hecha nada. Vi la sangre en su cuerpo desnudo, los ojos apagándose. Ese maldito disparo parecía mortal. Y sin embargo, ahí estaba. Viva. Lo peor de todo era que nunca me buscó. Aunque lo entiendo… yo fui un bastardo con ella.
¡CARAJO! Pensar en ella me estaba volviendo loco. Me carcomía por dentro imaginar que me odiaba.
Me bebí otro trago. El whisky me quemaba la garganta, pero no lograba quemar las preguntas.
No entendía nada. Si er