Los meses pasaron y mi hermano no dejó a esa humana. Me harté de esperar. Él no merecía ser feliz, mucho menos con alguien como ella.
Le hice llegar un par de fotografías de su preciosa novia en su lugar de trabajo. Sabía que reaccionaría. Conocía a Gabriele mejor que nadie.
La puerta de mi oficina se abrió de golpe. Él entró como una fiera, sus ojos estaban llenos de odio, su mirada se clavó en la mía, con cada paso que daba podía sentir su rabia y frustración. Se sentó frente a mí, tirándome