Abigail se había quedado conmigo, pero dormir a su lado fue una tortura deliciosa, una prueba de resistencia que me hacía arder por dentro. El simple roce de su piel contra la mía era suficiente para encender un incendio que me consumía, un fuego salvaje que solo ella podía avivar. Cada curva, cada centímetro de su cuerpo me provocaba, tentándome a perder el control, a reclamarla de una vez por todas. ¡Maldita sea! Quería arrancarle la ropa, hundirme en ella y borrar cualquier rastro de pensami