>>> Ayseli:
Yo aún estaba sentada en el regazo de ese Alfa, sentía cómo el calor de su cuerpo era un refugio y una llama que no quería apagar.
—Iremos juntos —dijo ese macho, su voz baja, cálida—. Pero será después de la ceremonia de mañana en la noche.
No pude evitar sonreír, limpiando con la punta de mis dedos las lágrimas que aún resbalaban por mis pálidas mejillas. Sentí que el miedo se diluía, reemplazado por una mezcla extraña: ansiosa y nerviosa a la vez.
—Estoy… ansiosa —confe