Raymond apretó los dientes, la mandíbula marcada de furia y humillación.
Pensó en Malahia, en su manada. En lo que dirían al verlo marcado por una loba lunar. Sería una calamidad, una vergüenza que mancharía su nombre para siempre.
—No… —jadeó él—. Eso sería… valer estiércol.
Ayseli lo miró con sorpresa.
—¿¡Y entonces por qué me marcaste a mí!? —gritó furiosa, con los ojos llorosos por los insultos de ese cruel macho.
Alfa Raymond desvío la mirada con desprecio.
—Fue… un impulso salvaj