Capítulo 46
El corazón de Matthew latía con fuerza mientras observaba al pequeño Max, su hijo, envuelto en sábanas blancas dormido.
La sangre que había corrido por sus venas ahora palpitaba en el cuerpo frágil de su cachorro, compartida con la de Amelia. Dos almas, dos linajes, unidas en aquel cuerpo diminuto que luchaba por respirar.
Pero él lo sentía, lo olia. Max estaba reaccionando. Su pequeño lobo había decidido quedarse.
A su lado, Amelia estaba en la cama. Su piel era pálida, su respir